¿Qué es la muerte súbita?

La rapidez en la que sucede y la casi nula presencia de signos o síntomas previos al evento, hacen que sea una patología con un grado de dificultad elevado tanto en la prevención, el diagnóstico y tratamiento.

El termino de muerte súbita (MS) o muerte súbita cardiaca (MSC), se refiere al cese de actividad cardiaca con colapso hemodinámico, que generalmente obedece a un episodio de taquicardia o fibrilación ventricular sostenida. Típicamente ocurre en pacientes con enfermedad estructural cardiaca, que en ocasiones puede no haber sido diagnosticada, y la presencia de enfermedad arterial coronaria.

La muerte súbita cardiaca se designa si la persona fallece en dicho evento, pero aquellos a quienes de manera fortuita (e infrecuente) regresan a un ritmo con circulación espontánea o bien aquellos a quienes se les logra hacer oportunamente una intervención (desfibrilación) adquieren el término de muerte súbita cardiaca abortada.

Existen diferentes etiologías, que varían de acuerdo a la población y la edad, pero el pronóstico siempre está directamente relacionado con la rapidez en la que el paciente reciba una atención médica efectiva.

Epidemiología y etiología : 

 

Epidemiológicamente hablando, la muerte súbita cardiaca en los Estados Unidos es responsable de aproximadamente 15% de las muertes registradas en las actas de defunción.

Hay una serie de factores de riesgo que incrementan la probabilidad de padecer muerte súbita cardiaca y su incidencia también se incrementa con la edad y las enfermedades cardiovasculares que la acompañan. Es dos veces más común en hombres que en mujeres.

En menores de 45 años, 10 a 12% de las muertes ocurren sin la presencia de enfermedad estructural como es el caso del síndrome de Brugada, la fibrilación ventricular idiopática, el síndrome de QT largo (adquirido o congénito), caridiomiopatía arritmogénica del ventrículo derecho, taquicardia ventricular polimórfica (catecolaminérgica o familiar), muerte súbita cardiaca familiar o síndrome de Wolff-Parkinson-White.

Manifestaciones clínicas y factores de riesgo: 

 

Existe algunos factores desencadenantes conocidos como la isquemia miocárdica, alteraciones hidroelectrolíticas particularmente la hipokalemia y la hipomagnesemia, efecto proarritmogénico de algunos antiarrítmicos, activación del sistema nervioso simpático, y factores psicosociales, que pueden en un momento dado desencadenar un episodio de muerte súbita cardiaca. Por otro lado, también esta descrito que el trauma cardiaco (Commotio cordis) puede también culminar con muerte súbita cardiaca, al inducir taquicardia ventricular cuando se produce en un momento específico del ciclo eléctrico cardiaco.

Los síntomas previos al episodio son muy variados y a menudo inespecíficos como malestar en el pecho, disnea, palpitaciones o lipotimia. En muchas ocasiones los síntomas son minimizados o bien ignorados por el mismo paciente durante minutos, horas o hasta semanas.[14]

También algunos pacientes tienen factores de riesgo que les confiere un mayor riesgo de presentar MSC, en términos generales, estos son similares a los factores de riesgo para enfermedad coronaria tales como dislipidemia, hipertensión arterial sistémica, sedentarismo, obesidad, diabetes mellitus e historia familiar de enfermedad cardiovascular prematura.[15,16,17,20,21] El tabaquismo y la intensidad del mismo también están relacionados a un incremento en el riesgo de muerte súbita cardiaca.[22]

 

Paradójicamente, el ejercicio intenso, incrementa también el riesgo de muerte súbita cardiaca hasta 30 minutos posteriores a haberlo suspendido, aunque esto es extremadamente infrecuente y más en aquellos pacientes que hacen ejercicio de forma regular. Los individuos que realizan ejercicio habitual tienen una frecuencia cardiaca en reposo disminuida y por ende una mayor variabilidad de la frecuencia cardiaca. El ejercicio también puede ser un factor desencadenante bajo ciertas patologías estructurales como la cardiomiopatía hipertrófica, la miocarditis o la displasia arritmogénica del ventrículo derecho.[23]

Los pacientes que tienen un familiar de primer grado que ha sufrido muerte súbita cardiaca, tienen un riesgo de 1,5 a 1,8 veces mayor de presentar muerte súbita cardiaca.[21] Algunos estudios también han sugerido que la inflamación crónica, medida por el incremento en la proteína C reactiva,[24] al igual que el consumo excesivo de alcohol incrementan también la posibilidad de muerte súbita cardiaca.

Los pacientes con infarto del miocardio tienen un riesgo elevado de muerte súbita cardiaca y el tratamiento con betabloqueadores y los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) han demostrado disminuir la mortalidad. Los pacientes con insuficiencia cardiaca y falla ventricular izquierda también tienen el mismo beneficio con estos medicamentos, en este caso, los inhibidos de aldosterona también han demostrado mejorar el pronóstico.

Tratamiento: 

 

El manejo de estos pacientes es muy variado dependiendo de la causa subyacente que haya generado el episodio, sin embargo se basa primordialmente en iniciar cuanto antes las maniobras de reanimación o desfibrilación, para establecer un ritmo perfusorio lo antes posible, identificar las causas reversibles, descartar la presencia de enfermedad estructural o enfermedades eléctricas (como las canalopatías), evaluar el estado cognitivo y neurológico de forma oportuna y en algunos casos evaluar a los familiares cercanos.

En la actualidad en muchas partes del mundo se cuenta con desfibriladores en sitios públicos y algunos países han implementado inclusive el uso de drones, para llevar un desfibrilador externo automático a sitios remotos.[25]

Aún faltan muchas piezas por encontrar para comprender realmente todos los eventos de muerte súbita cardiaca, sus múltiples causas y factores de riesgo, para poder prevenirlos de forma efectiva. Espero que, en un futuro corto con la tecnología, la telemedicina y el mejor entendimiento de los procesos genéticos y moleculares aporten nuevos elementos para prevenir mejor este evento frecuentemente catastrófico y mejorar la sobrevida de aquellos que presentan un episodio de muerte súbita cardiaca o paro cardiorespiratorio.

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